sábado, 22 de enero de 2011

Artes Estériles

El arte de esculpir el mármol a fuerza de soplidos.

El arte de dar conciertos escritos para deleitar a los sordos.

El arte de maquillar cadáveres.

EL arte de dirigir a los directores de e la orquesta.

El arte de escuchar el sonido de un teléfono ocupado.

El arte de penetrar en la alcoba de un poeta, y mientras duerme desrimarle todos los versos que  ha escrito en su vida.

El arte de dar forma a un cincel esculpiendo en rocas muy duras.

El arte de componer música con instrumentos que aun no se han inventado.

El arte de planificar ciudades inclinadas para que o desentonen con las torres que ya se encuentran así.

El arte de modificar los rasgos de las modelos para que se parezcan a los dibujos que se han hecho de ellas.

El arte de injertar minúsculos granitos de plástico en semillas de cocotero para cosechar cocos con pitillo.

El arte de pintar un paisaje del color que nos indica nuestra imaginación, pero aplicándole la pintura directamente al paisaje.

El arte de tocar el arpa con la obra maestra de un cinético.

El arte de hacer esmaltes sobre cubitos de hielo.

El arte de tatuarse las encías.

El arte de presentar un papel de si mismo en una obra de teatro cuya única función dura toda nuestra vida.

El arte de tener sexo con una escultura.

El arte de nadar el Gobi.

El arte de entrevistar a la Mona Lisa.

El arte de inventar artes estériles.

By Juan Urdaneta

jueves, 13 de enero de 2011

Un país donde el presidente es ?

Con suficiente extensión geográfica  para considerarse un poco más grande que un pueblo y con la suficiente población de personas para que sucedan manifestaciones de tamaños considerables.

El Alma Mater más grande del Estado Zulia (L.U.Z) es a mi criterio un país pequeño o así nuestra autonomía universitaria nos los hace ver, un país con problemas que se escriben en letras mayúsculas porque así lo amerita, como todo país tiene una sociedad,  la cual se  conforma por personas comunes y corrientes, ciudadanos de este país y otros, personas con virtudes, defectos, sueños, penas, anhelos y desencantos los cuales utilizamos  las oportunidades de la misma para satisfacer nuestros deseos y ambición de estar un nivel mas en la cadena alimenticia de la sociedad al obtener un titulo en cualquiera de las carreras que se imparten en esta Alma Mater.

Al saber de todos, este país es “Regido” por  un ente el cual se elige por las personas que hacemos vidas en esa sociedad convirtiéndola así en una democracia, pero la realidad es muy diferente porque esas mismas personas que democráticamente le damos esa responsabilidad, somos las mismas personas que en arranques de rebeldía la destruimos.

Sabiendo que ninguna gran civilización ha podido subsistir sin un dirigente, una persona que tome las riendas e imponga decisiones, increíblemente esta gran civilización ha subsistido todos estos años teniendo más de 2 poderes ya que hemos creado una homogeneidad de pensamiento en  los sectores de este país e ahí el título este articulo quien en realidad es la cabeza que toma las decisión aquí ¿quién es el presidente?

“Donde manda capitán no manda marinero”

By Juan Urdaneta

lunes, 25 de octubre de 2010

Cuatro elementos, una razón

Mujeres.

Como el agua de mareas que nos mese entre sus brazos, las mismas  se convierten en tsunami cuando los sentimientos las mueven.
Como viento suave que nos corre por cada parte de nuestros cuerpos, así mismo tornado que arremete y desbasta con todo a su paso.
Como la tierra fértil en su vientre y de gran sensibilidad, lo que de ella sale a ella regresa.
Como el fuego el cual es capaz que configura hasta el metal más rígido, así mismo nos marca como nadie más y este mismo en ellas nos presta el calor que necesitados en las noches invernales.

Juan Urdaneta

HITLER y CHAPLIN

Si en algún episodio de la historia da cuenta de la cercanía y a la vez el enfrentamiento ancestral entre el humor y el poder, es durante en la II Guerra Mundial, la realización de la película “El gran dictador”

(The Great Dictator) en la que Charles Chaplin se ocupó de brindarnos una parodia de Adolfo Hitler.
Chaplin conoció a Hitler por unas postales que alguien le envió de Alemania. Esta es la descripción que hace el humorista de la primera impresión que el dictador le produjo: “La cara era tremendamente cómica, una mala imitación mía, con su bigote absurdo…No pude tomar a Hitler en serio. Cada postal lo mostraba en una postura distinta…el saludo con la mano caída sobre el hombro, la palma hacia arriba, me daba el deseo de colocar sobre ella una bandeja de platos sucios. ‘Es un loco’, pensé. Pero cuando Einstein y Thomas Mann se vieron obligados a marcharse de Alemania, la cara de Hitler dejo de parecerme cómica parea hacerse siniestra” (Charles Chaplin: “Mi autobiografía”).

Hitler, por supuesto, tuvo conocimiento del trabajo Chaplin y concretamente de la parodia suya hecha en “El Gran Dictador”. A pesar de que la película fue prohibida por él en Alemania, cuentan que Hitler la vio en su sala de proyecciones de la Cancillería. Con razón dice Chaplin en el discurso final de esa película que los dictadores se dan libertad a sí mismos, pero esclavizan al pueblo. No sabemos qué comentó el dictador acerca de la película, pero seguramente no debe haberle causado ninguna gracia, puesto que uno de los rasgos de las dictaduras es la ausencia de sentido del humor y la persecución del humorismo.

Las similitudes entre Hitler y Charlotte eran sorprendentes: Ambos habían nacido el mismo año, en 1889, ambos usaban bigotes cortos, aunque Chaplin reclamaba la primacía de los suyos. Los dos habían tenido infancias difíciles, aunque a todas luces la de Chaplin fue mucho más dura y dolorosa. Es curioso, como si la vida nos dijera que un mismo tiempo, bajo circunstancias similares, puede producir con el mismo barro a un artista de la amorosa sensibilidad de Chaplin y a un asesino como Adolfo Hitler. La diferencia entre cada destino humano sometido a similares circunstancias tiene que ver con la manera en que el alma amasa ese barro constitutivo para rematar la propia forma: En algunos seres el sufrimiento despierta el deseo de redención de la humanidad toda y en otros, solo el resentimiento, que se transforma luego en anhelo de venganza.

Estas similitudes de las que Chaplin era muy consciente, fueron usadas por él en la puesta de “El Gran Dictador”. Un barbero judío, copia idéntica de Hynkel (el dictador del film), perseguido, huye de Alemania vestido de solidado. Por error, las tropas de Hynkel apresan al dictador y toman al barbero por el verdadero Hynkel. Esto hace que Chaplin sea conducido ante las multitudes para pronunciar un discurso en el inicio de la conquista del mundo.

En ese discurso, habla el humor para decir, como siempre cosas muy profundas y serias:
“Vosotros los hombres tenéis el poder. El poder de crear máquinas, el poder de crear felicidad, el poder de hacer esta vida libre y hermosa y convertirla en una maravillosa aventura. ..En nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando todos unidos. Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble que garantice a los hombres un trabajo, a la juventud un futuro y a la vejez seguridad. Pero bajo la promesa de esas cosas, las fieras subieron al poder. Pero mintieron; nunca han cumplido sus promesas ni nunca las cumplirán. Los dictadores son libres sólo ellos, pero esclavizan al pueblo. Luchemos ahora para hacer realidad lo prometido. Todos a luchar para liberar al mundo. Para derribar barreras nacionales, para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia.

Luchemos por el mundo de la razón.

Un mundo donde la ciencia, el progreso, nos conduzca a todos a la felicidad.

Soldados.

En nombre de la democracia, debemos unirnos todos.”

Definitivamente el humor y el poder están estrechamente vinculados, son dos caras de una misma moneda: El humor sueña el poder para la democracia, la justicia y la libertad. El poder debería marchar en la misma dirección, pero, en no pocas oportunidades, cae en manos de insensatos e inescrupulosos que se dan libertad a sí mismos para oprimir al pueblo, como señaló Chaplin, porque terminan ellos creyendo ser el pueblo mismo